La música brasileña que no se exporta

Cuando se habla de música brasileña siempre vienen a la cabeza los mismos mitos: Caetano Veloso, Tom Jobin, Vinicius de Morães, Marisa Monte… grandes figuras que han sorprendido y algunos aún sorprenden al mundo con letras y melodías inolvidables.
Entre todos ellos yo me quedo con Tom Jobim, uno de mis cantautores preferidos de todos os tiempos y nacionalidades. Muerto hace algunos años e inmortal siempre.
De todas formas sería injusto decir que la música popular brasileña (MPB) se escucha en todas las esquinas del país (que son muchas), no es cierto.
Aquí me he sorprendido con estilos de todo tipo y, uno de los más escuchados en las calles, es el que os comento hoy.
Se trata de la llamada “música brega”, canciones de amor que recuerdan a Pimpinela en sus mejores tiempos, con ritmos extremadamente parecidos en sus músicas y bailes muchas veces más picantes que atractivos.
En el site Trash 80’s ofrecen algunas emisoras de música de los 80 no tan conocida internacionalmente. Os invito a echar un vistazo y escuchar algunos diferentes ritmos brasileños de hace casi 30 años.
Gilberto Gil: músico, ministro y leyenda

Desde que llegué a Brasil he ido enamorándome poco a poco de la música llamada MPB (música popular brasileira). Leyendas como Vinicius de Morães o Tom Jobin han hecho que este estilo rompa las enormes fronteras del país, teniendo fans en todos los rincones del mundo.
Gilberto Gil es una de las grandes figuras brasileñas en este mundo musical.
Envuelto en problemas políticos durante la dictadura y bien relacionado con grandes monstruos de la música internacional de todos los tiempos es desde 2003 ministro de cultura en Brasil.
La noticia no me gustó inicialmente. Un gran profesional en el mundo de la música no tiene porqué ser un buen ministro, son universos completamente diferentes. Ser el responsable por plantar la semilla de la cultura entre 180 millones de personas no debe ser tarea fácil, menos aún si tenemos en cuenta que en Brasil sólo hay carga horaria en las escuelas durante una jornada de cuatro horas diarias.
La mayoría de los grandes eventos culturales del país ocurren en São Paulo: museos, conciertos, operas, grandes exposiciones… el resto de las capitales tienen siempre que sufrir la sombra de esta realidad, sedientas de opciones que vayan más allá de los clásicos eventos regionales.
Desde que Gilberto está en el ministerio hemos podido ver que existe más preocupación en ampliar la red de telecomunicaciones para garantizar el acceso a Internet que en crear museos en las pequeñas capitales. Esta opción me parece muy inteligente. Teniendo en cuenta que su concepto de Internet va más allá de lo que generalmente la población tiene en mente:
Hasta que “los niños no aprendan antes a subir cosas a Internet que a bajarlas, y entiendan el Copyleft antes de vérselas con el Copyright”, no podrá cambiar el mundo a través de la tecnología, dijo, tras explicar que Brasil ya cuenta con 700 ‘puntos de cultura’ —es decir, puntos de acceso libre a la Red— en 700 comunidades y antes de entonar, con su guitarra, ‘Broadband Cordel’.
fuente: El mundo
Desde el inicio estoy atento a las decisiones de Gilberto en la política cultural del país. Mucho que hacer en un país en el cual lo más difícil es saber por dónde empezar.
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