Contrastes hasta en el tráfico

Los que me leéis habitualmente ya habréis percibido que cuando se dice que Brasil es un país de contrastes no se bromea.
Se ven contrastes en los suelos, en las viviendas, en los empleos… hasta en el tráfico podemos ver como se mezcla lo antiguo con lo moderno, lo lujoso con lo mísero.
Imaginad una enorme avenida llena de coches de los más diversos modelos: mercedes, fiat, pajeros, corsas… de todos los precios y colores. Los coches avanzando despacio, veinte kilómetros por hora, como mucho, sin prisas, con algún que otro inconformista pitando inútilmente entre ruedas y ruedas. De repente todo para… un burro con una carreta llena de plástico reciclable cruza la avenida mientras miles de vehículos aguardan, algunos pacientemente.
Ver carretas del siglo XVII junto a cochazos salidos de la última de James Bond es algo normal en Recife, ciudad considerada como uno de los mayores centros tecnológicos de Brasil. Muchas veces empujada por animales, otras muchas por personas acostumbradas a arrastrar cientos de kilos de basura reciclable que podrán cambiar por algunos reales al final del día, como en el caso de la fotografía mostrada aquí.
Hay dos formas de enfrentar la situación: pitar y pitar hasta que el sonido del coche consiga eliminar esta triste realidad o bajar del coche y añadir vuestra botella vacía de coca en una de las carretas.
Tags: burro, contraste, miseria, pobreza, Transporte
Transporte público en Brasil

Foto: Juan Diego Polo

Foto: Juan Diego Polo
Salud, educación y transporte son, desde mi punto de vista, los tres principales pilares que necesitan ser alimentados con más frecuencia por los cofres públicos de Brasil.
Aunque la fotografía que os muestro es un caso extremo de decadencia en el transporte público del noreste del país representa perfectamente el sentimiento que habitantes y turistas tienen en lo que respecta a una necesidad tan básica como es el poder desplazarse de un lugar a otro.
El clima, extremadamente cálido en algunas zonas del norte del país, no invita a caminar por las calles de las grandes ciudades, dejando a gran parte de la población depender de otros medios de transporte. La clase media y alta pueden adquirir fácilmente un automóvil, dos o incluso tres por familia, la clase más pobre no pueden ni soñar con este bien de consumo y dependen única y exclusivamente de las facilidades ofrecidas por el gobierno.
En Recife, ciudad de más de tres millones de habitantes, no existe el metro como opción para desplazarse, limitándose éste a conectar pocos puntos de la periferia. Los habitantes dependen de la red de autobuses, desorganizada y gestionada por empresas privadas más interesadas en el lucro que en el bienestar de la población.
Falta de comodidad, calor, impuntualidad, falta de información de las rutas de los vehículos, curvas tomadas a alta velocidad causando eventuales caidas entre los pasajeros… son hechos comunes en el día a día, aunque no tan sorprendentes como ver a un autobús saltarse una parada ante la perplejidad de los que llevan más de media hora esperándolo.
Es cierto que cada vez se ven más autobuses con aire acondicionado, carriles exclusivos para este tipo de vehículos (evitando las típicas escenas de varios autobuses en paralelo ocupando todo el ancho de la calle) y rampas para minusválidos, lo que genera una esperanza de que veamos el final de esta situación en los próximos años.
Entrando en el repetitivo tema de los contrastes es importante recordar que este punto de vista es el de alguien que, como yo, vive en el noreste de Brasil. Si viajáis a São Paulo o Rio de Janeiro comprobaréis que existe un avance considerable en el transporte público. Por otro lado Curitiba o Brasilia son dos ciudades que ya han sido prestigiadas por varias ciudades del mundo por tener una red de transporte público extremadamente eficiente y organizada.
Sobre el transporte entre las lejanas ciudades: no existe red de trenes en el país y las carreteras están en un estado lamentable, dejando un enorme poder en manos de las pocas compañías aéreas. Este tema debe ser ampliado y analizado con detalle, por lo que escribiré sobre él otro día.
Tags: contraste, interior, servicios públicos, Transporte
Brasil multicultural

En cada estado de Brasil existen tradiciones que mezclan la cultura precolombina, africana, portuguesa y, en algunos lugares, europea.
Esta mezcla genera resultados sorprendentes, contrastes entre lo nuevo y lo milenario que hace juego con los contrastes sociales que se ven en el día a día.
En este blog iré mostrando las diferentes costumbres, supersticiones y fenómenos culturales resultados de la especial combinación de los pueblos que ya pasaron por aquí.
Y es que es fácil encontrar un brasileño con rasgos asiáticos, hijo o nieto de emigrantes japoneses, con rasgos africanos, descendiente de los esclavos que formaron enormes colonias en su tiempo, con aspecto alemán, rubios con ojos azules, descendientes de emigrantes europeos, con pelo suave y liso, descendiente de indios… y todas las mezclas genéticas posibles resultantes de este diverso pueblo.
De hecho el pasaporte de un brasileño es uno de los más valiosos en el mercado ilegal. Ya que cualquier persona del mundo puede pasar por brasileño.
Encontrar por las calles personas de los más diversos colores conviviendo con culturas de orígenes tan diversos es lo que hace de Brasil un lugar tan especial, un minimundo concentrado donde las personas están aprendiendo aún a vivir juntas.
Intolerancia, racismo y desprecio por clases y razas son elementos que no faltan, se respira todos los días, pero se hace en un ambiente multicultural donde brilla la esperanza de la igualdad entre seres humanos.
Aquí os dejo el enlace del blog sobre Diversidade Cultural del Ministerio de Cultura brasileño, dirijido hoy por el mito musical Gilberto Gil.
Aquí podéis ver una foto que podría ser obtenida fácilmente en cualquier calle de São Paulo.

Foto: caribb
Tags: contraste, culturas, razas
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