Venecia, ¿dónde está Venecia?

Y mientras muchos siguen llamando a Recife la Venecia brasileña, haciendo referencia a sus ríos y canales, otros seguimos esperando a que alguien se encargue de hacer el sueño realidad.
Al llegar aquí hace casi 6 años me encontraba con mucha gente que amaba Recife desde el corazón. La defendían a ciegas, un amor irracional. Recife ha ido decayendo en todos los aspectos, ellos ya no la aman, ellos quieren irse.
Mientras Brasil crece, ciudades como Natal se descubren, el sur del país elimina los vestigios tercermundistas y el mundo conoce su cara limpia, Recife se llena de criminales que pueden disparar pistolas en una bicicleta a plena luz del día y volver a sus casas sin ser capturados.
Una infeliz secuencia de alcaldes con una dosis de gobernadores poco atentos han hecho de esta ciudad algo que es mejor olvidar.
Se construyó recientemente un enorme aeropuerto en la ciudad para incentivar el turismo. Hoy en día ningún turista pisa Recife, todos huyen a las playas cercanas sin mirar hacia atrás.
Mientras tanto, más de 2 millones de personas, temen por sus vidas cada vez que pisan la calle.
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De vuelta a Brasil
Después de un mes de vacaciones en Barcelona vuelvo a Recife, con nuevo alcalde y pilas cargadas.
Durante este mes hubieron elecciones de alcaldes en Brasil. El candidato que ha ganado las elecciones en Recife será juzgado por utilizar dinero público en su campaña, algo que se sabe desde antes de su elección (parece que a la gente no le ha importado, ya que ha ganado con más de un 50% de los votos).
El caso es que vuelvo a esta ciudad de mar y Sol en la que las cosas nunca son lo que parecen.
Hoy mismo me ha comentado una amiga que ayer cogió un autobús equivocado y que, después de una hora de viaje, se lo comentó al conductor, quien le devolvió el dinero.
Es una realidad diferente con un interesante carisma.
El hecho es que estoy de vuelta para contaros el día a día de tan interesante mundo.
Llegaron las elecciones para alcalde
Un país democrático en el que es obligatorio votar deja de ser tan democrático.
Como ya me habréis oído decir muchas veces: lo peor de Brasil es la política. Si no fuera por la corrupción de los políticos este país sería un verdadero paraíso. Por desgracia los intereses individuales de pocos atropellan el bienestar de una población que sufre con enormes problemas en la salud y educación pública.
Cuando llegan las elecciones para alcaldes y concejales (vereadores) se ven carteles colgados de muros, expuestos en las calles, pintados en las rocas de las montañas… todo lo necesario para divulgar el número del candidato.
Sí, número. Brasil es seguramente el país más organizado del mundo a la hora de votar. Cada candidato tiene un número que el votante registrará en una máquina el día de las elecciones. Pocas horas después los resultados son públicos. Un sistema que ya ha se está exportando hacia varios países del mal llamado “primer mundo”.
Todos los concejales tienen derecho a mostrar sus propuestas en la televisión durante “el horario electoral gratuito”, unos 20 minutos sobre las 7 horas de la tarde. Allí podemos ver candidatos de todo tipo, muchos de ellos sin ningún tipo de preparación, con grandes errores de portugués en sus discursos y propuestas sin pies ni cabeza.
Con los alcaldes no es así, claro. Los candidatos tienen más experiencia política y más dinero para sus campañas, pudiendo mostrar verdaderos reportajes en el horario electoral gratuito.
Lo que me impresiona no es la corrupción de ministros, alcaldes ni presidentes. Eso ocurre, de una u otra forma, en todos los países. Lo que me impresiona es la corrupción de los concejales, la falta de noción general de la realidad política de los candidatos y el poder que se les da cuando son elegidos.
Concejales que contratan a familiares que reciben pequeñas fortunas en forma de salario, emitiendo facturas ilegales para servicios sobrefacturados y con permiso para gastar el doble de lo que cobra un camarero en fotocopias.
Cuando los concejales de las ciudades necesiten de una mínima formación aceptable para ser candidatos, cuando exista un mayor control de los gastos públicos y la ley deje de favorecer a los criminales que actúan en la política este país será el que todos los brasileños sueñan
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