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Casas abandonadas

10-06-2008 | por Juan Diego Polo | Categoría: Naturaleza |

Paseando por las calles de Recife (algo raro, ya que la mayoría lo hace en coche) se pueden ver verdaderas mansiones, muchas de ellas abandonadas.

Si profundizamos en la historia de algunas de esas casas descubriremos que fueron el hogar de los grandes señores del siglo XIX, muchas veces con una pequeña casa para los esclavos al lado de la casa principal, y que ahora están abandonadas esperando una decisión judicial sobre la herencia.

La mayoría de las veces acaban siendo demolidas para construir uno de los enormes edificios característicos del perfil de las grandes capitales. Los herederos prefieren dividir el dinero resultado de vender la propiedad a una inmobiliaria que pelearse por el derecho de vivir en una mansión.

Mientras tanto aún es posible ver escenas en las que la naturaleza cuida de lo que el hombre abandona.

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Se vende pescado y cómo nos complicamos la vida

07-06-2008 | por Juan Diego Polo | Categoría: Comercio |

Aún tengo esta foto de la última vez que fui a Porto de Galinhas (hace unos seis meses).

Estaba tranquilamente sentado, dando el potito a mi hija que, por entonces, no tenía más de un año. Levanté la cabeza y allí los vi. Varias personas hablando del tiempo, del mar, de fútbol, de educación… personas humildes que viven vendiendo pescado que ellos mismos pescaban todas las mañanas. Amigos reunidos a las cuatro de la tarde en frente de su modesto negocio.

Al principio, al ver la placa desecha, dan ganas de salir corriendo y volver a nuestras grises ciudades llenas de corbatas. Hay que relajar y concentrarse en el verdadero significado de nuestra vida para acercarse, saludarles y felicitarles por una vida sencilla y repleta de amigos.

Recibí hoy mismo uno de esos espantosos mensajes en powerpoint que para decir 5 frases nos hacen ver cincuenta fotos de bebés. En resumen el mensaje era el siguiente:

- Hoy tenemos casas más grandes y familias más pequeñas. Más facilidades, pero menos tiempo.
- Tenemos mayor preparación, pero menos sentido común. Más conocimiento, pero menos discernimiento.
- Tenemos más expertos, pero más problemas. Más medicinas, pero menos bienestar
- Gastamos demasiado, Reímos demasiado poco, Conducimos demasiado rápido, Nos enojamos demasiado pronto, Nos acostamos demasiado tarde, Leemos demasiado poco y Vemos demasiada televisión.
- Aumentamos nuestras posesiones, pero disminuimos nuestros valores. Hablámos demasiado, amamos muy poco y mentimos muy a menudo.
- Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Hemos agregado años a nuestra vida, pero no vida a nuestros años.
- Tenemos más edificios y menos caracter. Autopistas más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero tenemos menos. Compramos más, pero nos divertimos menos. Hemos ido a la luna y regresado pero nos cuesta cruzar la calle para visitar a nuestros vecinos. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no nuestro interior. Hemos desintegrado el átomo, pero no nuestros prejuicios.
- Escribimos más, aprendemos menos. Planeamos más, logramos menos. Hemos aprendido a correr, pero no a esperar. Tenemos ingresos más altos, pero moral más baja.
- Construimos más computadoras para manejar más información, para producir más copias pero, tenemos menos comunicación. Tenemos más cantidad, pero menos calidad. Es tiempo de comidas rápidas y digestión lenta. Hombres altos y caracteres bajos.
- Más entretenimiento… pero menos diversión. Más variedad de comidas… pero menos nutrición. Dos salarios… pero más divorcios. Mejores casas… pero hogares deshechos.

Es decir: valores. Vivir en Brasil, lojos de las grandes ciudades, permite estar más cerca de los valores por los cuales antes se luchaba. Hoy en día la lucha es tan eterna que nos olvidamos del motivo de la misma.

Todo esto pensaba mientras veía a los vendedores de pescado charlando en horario laboral…

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