Caballos paseando, trabajando … y pariendo
09-03-2009 | por Juan Diego Polo | Categoría: Ciudades |Un evento me llamó profundamente la atención la semana pasada.
Una yégua pare en frente de un cine en el centro de la ciudad de Recife, con un dueño que, después de haberla hecho andar casi 20 kilómetros, alegaba no saber que estaba preñada.
Algo tan aparentemente poco importante levanta cuestiones como: ¿Cómo pueden los animales circular aún por las vías públicas de una ciudad con casi 2 millones de habitantes?, ¿cómo pueden no existir leyes que prohiban el uso de animales a punto de parir?, ¿cómo puedo encontrarme aún a vacas pastando en una plaza pública rodeada de edificios y coches del primer mundo?.
Reconozco que es difícil prohibir de un día para otro una forma de vida que sustenta a miles de familias diarias, como están intentando hacer con el comercio de comidas en las playas (leedlo en el blog de consejos de turismo), pero desde luego no se puede ignorar una relidad y, mucho menos, permitir que los animales paran sus crías en en centro de una ciudad que intenta ganarse su espacio en el mercado del turismo internacional.
Mientras Brasil continúa ganando premios internacionales de desarrollo de software médico, ofrece Internet inalámbrico gratis a barrios enteros en Rio de Janeiro y se destaca en el mercado de videogames con la producción de verdaderas joyas, las yéguas continúan pariendo en las sombras de una ciudad que no sabe acompañar el ritmo del país en el que se encuentra.
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