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En el límite de la esclavitud

03-04-2008 | por Juan Diego Polo | Categoría: Profesiones |

Falta de libertad

Para entender la forma de vivir en este país es necesario profundizar en la realidad de cada una de las clases sociales existentes.

Recordemos que tenemos una clase que recibe menos de 400 reales mensuales (unos 230 dólares) para mantener familias muchas veces más numerosas que las clases más adineradas.

Recordemos también que existe una clase media con un sueldo entre 2.000 y 10.000 reales y una media de 2 hijos por familia.

¿Cómo estas dos clases conviven?, ¿dónde y de qué forma se realiza la integración?.

La clase media está acostumbrada a contratar los servicios domésticos a otras personas. Es muy difícil entrar en una casa que no tenga “secretaria” como algunos la llaman para evitar el nombre “empleada” que puede ser agresivo en algunos contextos.

Las empleadas suelen ser mujeres, de las más diversas edades, con poca o ninguna educación escolar y con pocas posibilidades de encontrar un empleo en el mercado.

Ya que el salario mínimo en Brasil hoy es de 415 reales, la clase media debería pagar esa cantidad a una mujer para realizar todas las actividades caseras durante el largo expediente que, en teoría, es de 8 horas.

La realidad es muy diferente.

Aprovechando muchas veces la ignorancia de la contratada, contratando a veces personas que viven en el lejano interior de algunos estados, pensando que dentro de su casa la empleada estará mucho mejor que en el agujero del cuál fue recogida, los más afortunados tienden a abusar de su posición y solicitar, por el mismo precio, horarios de 24 horas con posibilidad de salir un fin de semana cada 15 días.

Es cierto que muchas personas aceptan encantadas con la idea de vivir en un lugar con todo tipo de lujos. Comodidad a cambio de libertad. Esta situación, aparentemente cómoda por los dos lados, es lo que impide que esta privación de libertad continúe y no tenga previsión de finalizar.

Es fácil que las “secretarias” formen parte de las conversaciones en fiestas, bodas y eventos de la clase media y alta. Allí pueden escucharse cosas del tipo:


- Otra vez me ha pedido para salir antes.. ya no sé qué hacer con ella. Ha empezado a ir a la escuela y a las 7 de la tarde se me va todos los días. Ya me dirás que va a hacer una mujer de 45 años en la escuela.
- Voy a tener que buscar otra chica. La que tengo me dice que no puede con todo. Es mejor que una se dedique a las cosas de casa mientras la otra cuida del bebé.
- Pues sí, voy a tener gemelos, voy a contratar a dos chicas, una para cada uno, aunque creo que sólo una se quedará para dormir, ya sabes… por si alguno de los niños se despierta.
- Le pongo una televisión en la cocina, le doy de comer lo mismo que comemos nosotros, le compro un colchón nuevo y aún así me pide un aumento.

Una situación realmente incómoda para los que estamos acostumbrados a lavar nuestros platos, planchar nuestra ropa y cuidar de nuestros hijos.

Por supuesto hay excepciones, desde los que contratan por servicio realizado hasta los que no permiten que se queden después de las 17:00h, pasando por los que pagan educación privada para sus funcionarios. Raras excepciones.

Algunas cosas que me sorprendieron los primeros meses:
- Las empleadas no comen con sus patrones, esperan a que la comida termine y se retiran a la cocina.
- Muchas no comen la misma comida. Algunos patrones compran pan o carne más barata para alimentar a sus funcionarios.
- Muchas no saben ni leer ni escribir.

En fin, son muchos los contrastes culturales a los que hay que acostumbrarse para poder vivir aquí y disfrutar de las maravillas de este país, que no son pocas.

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