Cuadros de picasso robados… de nuevo

Ha sido noticia en todo el mundo. Cuatro cuadros, entre ellos dos picasos, han sido robados del que se conoce como el museo más seguro de Brasil, la Estação Pinacoteca de São Paulo.
Lo que sorprende no es el robo, eso puede ocurrir en cualquier museo del mundo. Lo que preocupa es la forma con que éste fue realizado.
En plena luz del día entran los ladrones, cojen los cuadros y se van asustando a un guarda con un arma. Así de fácil, así de ridículo.
Mientras continúen ocurriendo cosas así la imagen de Brasil continuará siendo completamente deformada. Los brasileños continuarán siendo tratados como irresponsables, como “relajados”.
Depende ahora de la fuerza policial deshacer esta mancha al honor brasileño. Será difícil recuperar la dignidad perdida en un acto tan triste como el ocurrido.
De momento parece que la propia Interpol esté envuelta en encontrar los dos grabados “Minotauro, bebedor y mujeres” y “El pintor y su modelo”, de Picasso, además del óleo “Mujeres en la Ventana” de Di Cavalcanti y un gauche “Causal” del pintor brasilero Segall.
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Agujeros en las calles

Al principio me asustaba ver árboles en medio de las calles de Recife.
Iba conduciendo tranquilamente, giraba una esquina y, sorpresa, allí había una enorme rama saliendo de un agujero en mitad del asfalto (galho, como lo llaman por aquí).
En la foto podéis ver de qué se trata.
Las tapas de las alcantarillas están hechas de un material muy valioso. Puede fundirse y venderse a peso en el mercado negro. Una tentación muy grande para los que mal tienen para comer. Por una tapa pueden conseguir dinero para comer una semana, lo que deja a las pobres tapas en una situación complicada.
El hecho es que la gente roba las tapas y hasta que el ayuntamiento no ponga una nueva tendremos un hermoso agujero en mitad de la calle. Enorme peligro para los coches que, despistados, puedan meter su sufrida rueda en él.
Así salió la maravillosa solución de poner enormes ramas (a veces casi árboles) en los agujeros de las alcantarillas robadas. Ahora no se trata de tener cuidado con los agujeros, ahora tenemos que tener cuidado con las ramas.
Es mejor mirar hacia ellas y sonreir. Llorar ya lloramos y no sirvió de nada.
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