Se vende pescado y cómo nos complicamos la vida

Aún tengo esta foto de la última vez que fui a Porto de Galinhas (hace unos seis meses).
Estaba tranquilamente sentado, dando el potito a mi hija que, por entonces, no tenía más de un año. Levanté la cabeza y allí los vi. Varias personas hablando del tiempo, del mar, de fútbol, de educación… personas humildes que viven vendiendo pescado que ellos mismos pescaban todas las mañanas. Amigos reunidos a las cuatro de la tarde en frente de su modesto negocio.
Al principio, al ver la placa desecha, dan ganas de salir corriendo y volver a nuestras grises ciudades llenas de corbatas. Hay que relajar y concentrarse en el verdadero significado de nuestra vida para acercarse, saludarles y felicitarles por una vida sencilla y repleta de amigos.
Recibí hoy mismo uno de esos espantosos mensajes en powerpoint que para decir 5 frases nos hacen ver cincuenta fotos de bebés. En resumen el mensaje era el siguiente:
- Hoy tenemos casas más grandes y familias más pequeñas. Más facilidades, pero menos tiempo.
- Tenemos mayor preparación, pero menos sentido común. Más conocimiento, pero menos discernimiento.
- Tenemos más expertos, pero más problemas. Más medicinas, pero menos bienestar
- Gastamos demasiado, Reímos demasiado poco, Conducimos demasiado rápido, Nos enojamos demasiado pronto, Nos acostamos demasiado tarde, Leemos demasiado poco y Vemos demasiada televisión.
- Aumentamos nuestras posesiones, pero disminuimos nuestros valores. Hablámos demasiado, amamos muy poco y mentimos muy a menudo.
- Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Hemos agregado años a nuestra vida, pero no vida a nuestros años.
- Tenemos más edificios y menos caracter. Autopistas más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más, pero tenemos menos. Compramos más, pero nos divertimos menos. Hemos ido a la luna y regresado pero nos cuesta cruzar la calle para visitar a nuestros vecinos. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no nuestro interior. Hemos desintegrado el átomo, pero no nuestros prejuicios.
- Escribimos más, aprendemos menos. Planeamos más, logramos menos. Hemos aprendido a correr, pero no a esperar. Tenemos ingresos más altos, pero moral más baja.
- Construimos más computadoras para manejar más información, para producir más copias pero, tenemos menos comunicación. Tenemos más cantidad, pero menos calidad. Es tiempo de comidas rápidas y digestión lenta. Hombres altos y caracteres bajos.
- Más entretenimiento… pero menos diversión. Más variedad de comidas… pero menos nutrición. Dos salarios… pero más divorcios. Mejores casas… pero hogares deshechos.
Es decir: valores. Vivir en Brasil, lojos de las grandes ciudades, permite estar más cerca de los valores por los cuales antes se luchaba. Hoy en día la lucha es tan eterna que nos olvidamos del motivo de la misma.
Todo esto pensaba mientras veía a los vendedores de pescado charlando en horario laboral…
Tags: brasil, casas, ciudad, comida, educación, fútbol, interior, lucha, porto, salarios, Salud, Televisión, vendedor
Decoración y buen gusto

Foto: Juan Diego Polo, Restaurante Tio Pepe

Foto: Juan Diego Polo, Restaurante Tio Pepe
Las fotos que podéis ver arriba son sólo dos detalles de lo que se puede ver en el restaurante tío Pepe, de Recife.
Se trata de un lugar encantador fundado por un español hace más de 40 años. Al parecer la cosa fue bien, el español se adaptó y su familia siguió con la tarea de hacer de este uno de los restaurantes más frecuentados por la clase media del barrio de Boa Viagem.
Como comenté hace algunas semanas hay dos formas de enfrentar la vida aquí: o te adaptas, olvidando muchas de las cosas que tenías en España, o te vas y no vuelves. En este caso tenemos un ejemplo de alguien que supo adaptarse absorbiendo la cultura del noreste brasileño por todos los poros de la piel.
Por la decoración y las frases y textos que pueden leerse en las paredes puede percibirse que esta familia encontró el equilibrio entre vida personal y profesional que tan difícil es de encontrar en Europa.
Tags: comida, felicidad, paz, recife, restaurantes, turismo
La fiebre de las sandalias

Foto: Juan Diego Polo
Los turistas que a Brasil llegan no pueden irse sin un par de sandalias para cada uno de sus familiares. Sandalias en Brasil son como paella en España, si no lo pruebas es como si no has ido.
Es curioso como un calzado que inicialmente usaban los que no tenían dinero para comprar nada más sofisticado acaba convirtiéndose en símbolo de una nación y objeto preferido por turistas de todo el mundo (historia parecida a la de la paella, de hecho).
El clima en el noreste invita a llevar la mínima ropa posible, y eso incluye los pies. Pies casi desnudos andando sobre una pequeña plataforma de goma que, sinceramente hablando, está muy lejos de ser cómoda.
Cuando me puse una sandalia por primera vez (havaiana, para ser exactos) descubrí algo interesante: era virgen de dedo. Dolor intenso entre el dedo gordo y el siguiente durante los días que tarda en generarse el callo que todos los brasileños tienen en esa zona. Después no se puede vivir sin ellas.
Hoy en día existen de todos los colores, tamaños y marcas imaginables. El monopolio de la marca Havaianas acabó y existen muchos clones que imitan perfectamente el modelo que tantas fronteras atravesó.
Y es que es imposible no ver cientos de personas caminando por las asfaltadas calles de Recife con sus sandalias de turno, en bicicleta, en moto… siempre presentes.
Opción barata para la clase que, muchas veces, camina descalza por las calles y símbolo de estatus para los turistas que calzan una suela vestida de Brasil.
|